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RAFAEL DE LA VEGA: “LA LITURGIA TRADICIONAL DE LA IGLESIA CREO QUE TIENE UN PODER ATRACTIVO Y CONVERSOR SIN IGUAL”

En esta tercera entrega de testimonios de la I Peregrinación “Nuestra Señora de la Cristiandad-España” tenemos el honor de contar con Rafael de la Vega, abogado madrileño, padre de familia y jefe del capítulo “San Juan Bautista” de la Soberana Orden de Malta”.

P: ¿Cuáles fueron sus primeras sensaciones al llegar a Oviedo? ¿Cómo vivió las horas previas a la salida? 

R: Llegué a Oviedo en coche con mi familia, para alojarnos en un hotel muy céntrico. Desde que entramos en la ciudad no paramos de ver grupos de jóvenes con banderas con el Sagrado Corazón, mochilas y cantando alegres. 

Esa tarde la dedicamos únicamente a instalarnos y salir a cenar pronto con el resto de los miembros de nuestro Capítulo de San Juan Bautista.

Peregrinos durante las jornadas de camino

P: P: ¿Qué ambiente diría que reinaba en la plaza de la catedral de Oviedo en los últimos momentos antes de comenzar el camino?

 R: Yo llegué a la plaza de la catedral con bastante antelación para poder echar una mano en la organización. Ya desde primera hora se empezaba a formar ambiente y enseguida se reveló necesario solventar algunos problemas logísticos que fueron surgiendo, aclarar dudas… se notaba que muchos peregrinos no habían leído las instrucciones enviadas tras la inscripción, o seguían con alguna confusión. Gracias a Dios todo el mundo fue muy diligente y comprensivo y pudimos encauzar la situación. Hacia fuera todo funcionó bien. Hacia dentro nos sirvió para darnos cuenta de que tendríamos que reforzar algunas áreas las próximas ediciones.

P: ¿Cuál era su rutina de peregrinación? ¿Qué hacía durante las horas de marcha?

 R: Siendo la primera edición, y en mi caso particular, no hubo ninguna rutina. Todo el tiempo hubo que estar pendiente, del capítulo, de mi familia, de determinadas cuestiones de la organización… si acaso la rutina una vez puestos en marcha consistía en caminar, dirigir cantos y rezos, y funcionar de forma ordenada en la columna, así como en las áreas de descanso.

P: Durante las misas, ¿qué percibió entre los peregrinos, o incluso en usted mismo?

  R: Durante las misas lo más llamativo fue el recogimiento de todos los peregrinos, la devoción con la que se asistía. Verdaderamente era el centro de la peregrinación, del día y de la vida de cada uno de los participantes. Yo personalmente no dejaba de dar gracias a Dios por estar allí, junto con mi familia. Era difícil a veces contener las lágrimas por la intensa emoción. Podría describirlo como un chute de gracias, y todavía hoy noto esa cercanía con Cristo cuando recuerdo lo vivido y ese impulso de puro amor.

P: ¿Cuál fue su experiencia más cercana a Dios en esos 3 días? ¿A qué le llevó esa experiencia?

R: No recuerdo ninguna anécdota en particular, sino un conjunto de vivencias y sucesos entrañables que me hacen sonreír y me mueven a querer ponerme en marcha de nuevo. Realmente el ambiente era inmejorable y todo el mundo se comportó de forma ejemplar.

P: ¿Qué anécdota destacaría de entre todos los sucesos de la peregrinación?

R: Creo que sin duda la participación en la Santa Misa junto a mi esposa e hijas. Daba la impresión de poder tocar el Cielo con los dedos. Por otra parte, debo reconocer que hubo momentos duros caminando, y el último día tuve que pedir ayuda puesto que mi pierna derecha dejó de funcionar. En esos momentos uno se siente débil y un tanto avergonzado, y también noté la cercanía de Cristo proponiéndome ofrecerle mi pequeñez.

P: ¿Qué se siente al llegar a Covadonga?

 R:  La llegada a Covadonga fue un momento de júbilo, pese a que por el incidente que tuve con mi pierna tuve que hacerla en autobús. Me arrastré desde la explanada, renqueando del brazo de mi mujer para visitar a la Santina, rebozado de humildad y gratitud.

P: ¿Cree que le faltaba algo a la peregrinación? 

 R: Llevo peregrinando a Chartres con Notre Dame de Chrétienté desde 2007 ininterrumpidamente. Obviamente en una primera edición uno echa en falta algunas cosas, pero se trata de carencias comprensibles y que poco a poco iremos solventando. Más que problemas de la organización, creo que en España tenemos que hacer un esfuerzo por cantar más y mejor, y recuperar un repertorio sacro que supere los estilos sensibleros de las últimas décadas. Pienso que el movimiento surgido en torno a esta peregrinación puede ser un buen revulsivo para incrementar la formación espiritual y artística de los peregrinos que vendrán.

P: En unas pocas palabras, ¿cómo describiría la peregrinación?

R. Al igual que en su versión francesa, la peregrinación de Covadonga es un hito anual en mi vida espiritual. Mi alma verdaderamente se nutre de la vivencia de Fe y oración de esos tres días. Atesoro los libros del peregrino de cada una de las ediciones, y en el caso de Covadonga no es una excepción. Además, formamos una comunidad todos los organizadores que nos acompaña en el día a día con oración, formación y amistad.

P: En unas pocas palabras, ¿cómo describiría la peregrinación? 

R: Como una inmensa Gracia y una gran responsabilidad para transmitir este tesoro a cuantas almas nos ponga delante el Señor.

Llegada de la columna de peregrinos al santuario de Covadonga

P: Si estuviese hablando con alguien que no la conoce, ¿de qué forma lo animaría a venir a Covadonga?

R: Toda peregrinación entraña una experiencia paradójica de comunidad y soledad que han de ser integradas en el alma como un resumen de nuestra vida. Uno se pone en marcha, en búsqueda de la Verdad. Como los Reyes Magos, a veces dejamos de ver la estrella. Pasamos por noches oscuras. Y frecuentemente nos perdemos por querer tomar atajos. La liturgia tradicional de la Iglesia creo que tiene un poder atractivo y conversor sin igual, y no hace falta ser un católico aguerrido para descubrirlo. La misma liturgia que ha suscitado conversiones a lo largo de los siglos sigue deslumbrando en el siglo 21. Porque pone a Dios en el centro, porque realza el sentido de lo Sagrado, el Sacrificio, el Misterio, la adoración. Una vez que se experimenta es difícil volver atrás, conformarse con menos. Aunque no lo sepas, tienes hambre de Dios. Si te abandonas y te dejas alimentar por El, volarás más lejos que lo que jamás te hubieras atrevido a soñar, y tu corazón se agrandará cada día más. ¡Cristo vive, y puedes vivir con Él!

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